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20-2-10
Deseo y demanda- la pulsión y sus componentes- destinos de la pulsión- la elección de objeto.
Siguiendo nuestro desarrollo, la última vez hablamos del sueño y de los deseos; decíamos que en todo sueño hay un deseo insatisfecho. Hoy vamos a continuar con el deseo, y aunque mi intención es hablar de Freud, también me voy a remitir a Lacan, para poder distinguir entre necesidad, demanda y deseo. Retomaremos los textos: “las pulsiones y sus destinos”; “introducción al narcisismo” y “tres ensayos para una teoría sexual”.
El deseo lo podemos entender tanto desde la falta de objeto, como desde su realización.
Desde la realización; el deseo se invocará mediante el intento de cumplimiento, de realización (era lo que veíamos en el sueño), vimos que en el deseo inconsciente hay un resto indestructible, el cual tiene que ver con lo infantil y que precisamente ese resto actúa de energía pulsional (que es como también se le llama a la energía del deseo), empujando a la realización.
Para Freud el deseo está determinado como aquello que se realiza de modo alucinatorio, es lo que va a tratar de explicar mediante los sueños, pero esto no quiere decir que este exento de realización; él lo que va a afirmar es que desear es buscar la misma percepción que en un tiempo primero condujo a la satisfacción.
El deseo no lo identifica con la necesidad biológica. La necesidad se satisface con objetos adecuados, como por ejemplo la comida, mientras que el deseo está ligado a recuerdos, en otras palabras a huellas mnémicas.
En este punto se está refiriendo a la experiencia de la VIVENCIA DE SATISFACCIÓN.
El primer llamado, el mítico, podría ser un grito, un llanto...el cual avisa a otro de una necesidad biológica, llanto-demanda que antecede la presencia del objeto (el otro) que viene a saciar la necesidad y atemperar la excitación. Pero más allá de la saciación de la necesidad y atendiendo al principio de homeostasis, esta viene acompañada por una sensación de placer, precisamente por la disminución de la excitación (percepción de satisfacción).
Esta experiencia de satisfacción va ligada al “desamparo” original del ser humano (Hilflosigkeit) puesto que en un estadio tan temprano el organismo no puede provocar la acción específica capaz de suprimir la tensión resultante de las excitaciones endógenas. Un componente esencial de esta vivencia es la aparición de una cierta percepción, cuya imagen mnémica queda, de ahí en adelante, asociada a la huella que dejó en la memoria la saciación de la necesidad.
La próxima vez que esta necesidad sobrevenga, gracias al enlace ya establecido, se suscitará una moción psíquica que querrá investir, recargar, de nuevo la imagen mnémica de aquella percepción y hacer que esa misma percepción reaparezca, vale decir, restablecer la situación de la satisfacción primera.
Esa llamada al otro para obtener una satisfacción nunca tendrá lugar en el modo según fue demandada, aún así y por eso, el sujeto intentará reencontrarse con esa percepción de satisfacción a base de demandas infantiles. La añoranza crea entonces objetos fascinantes e imaginarios; en un intento de tapar la falta que deja a la intemperie las necesidades de la demanda.
La posesión del objeto alucinado no es la posesión del objeto real capaz de suprimir el estado de tensión producido por la necesidad. Ahí surge la decepción, la cual en un futuro será articulada a la diferencia sexual. (Castración)
Tendrá que ser el principio de realidad quien venga a poner límites al recuerdo de la satisfacción para que no se pierda en alucinaciones y que el recuerdo sea un fin en sí mismo, es decir que el pensamiento ayudado por la motilidad voluntaria pueda procurarse objetos sustitutorios.
El deseo (Wunsch) es ante todo deseo inconsciente. Tiende a cumplirse (Wunschfüllung) – lo cual no quiere decir que lo logre - y a veces a realizarse-satisfacerse (Wunschbefriedigung). Por ello desde un principio se halla ligado el deseo con sus originales concepciones acerca del sueño, el inconsciente, la represión, la fantasía. El deseo es deseo inconsciente y cumplimiento del deseo. El sueño es el cumplimiento de un deseo reprimido, y la fantasía es el correlato del deseo en sí.
En la clínica ¿Cómo se llega al deseo?, ¿Cómo se sabe de la pulsión?
Al deseo solo se llega a través de las formaciones del inconsciente y a la pulsión tan solo por su representante, es decir por su representación. La representación de la pulsión puede manifestarse bien por un estado afectivo o bien por un objeto corporal. La pulsión esta formada por su representante (causa de la fijación) y por el monto de energía psíquica.
La pulsión no es sin palabras, palabras que dan cuenta de la historia del sujeto, dan cuenta de la realidad psíquica del sujeto, de sus deseo, en tanto que nada se podría entender si no es a partir de una perdida, de una demanda y es por eso que la demanda es otra manera de dar cuenta de la pulsión, otra es el síntoma.
¿Cómo escuchar la pulsión a través de la demanda?
Como sabemos la demanda es inconsciente y como tal, debe ser descifrada. Y sin ese desciframiento ni daremos cuenta de ella ni arribaremos por esa vía privilegiada al terreno y al campo pulsional.
El síntoma, como ya hemos dicho, es otro modo de arribar a la pulsión y cierta direccionalidad de los discursos nos van dando, en general, cuenta de ello.
Freud pone el acento en que ha habido algo vivenciado como satisfacción y de ello se desprenden huellas, tramas, representaciones que, en su recarga, tienden al re-encuentro con el objeto. Freud se plantea un sujeto ya constituido como tal. Con lo cual cabe hacernos la pregunta sobre que hay antes de que advenga el sujeto, la única respuesta es un ser al que no le falta nada. Es la instancia de ese goce inefable – o sea: que está más allá de las palabras y del lenguaje. Un goce total, indefinido, perfecto, del cual...nada conocemos ni conoceremos jamás.
En un segundo momento – irrecuperable – ese Ser es nominado, no importa de que manera, y con ello se abre el camino de su historia, y de una historia que es la del deseo por ser también la del lenguaje al cual ya advino.
¿Qué quiere decir esto?
Quiere decir que ya no hay Otro total y completo, quiere decir que ya no hay Ser, quiere decir que ahora hay un sujeto humano, y quiere decir que el sujeto humano se define por pocas coordenadas pero ineludibles: primero viviente, luego hablante, más tarde – o al mismo tiempo, si lo queremos – deseante. Y por ser tal: sujeto del Inconsciente.
Para que alguien sea nominado por ese significante primero, al que se le llama rasgo uno, rasgo unario, es necesario que el Otro le ceda algo y al cederle algo – un significante- ya ingresa en el camino de la falta: al Otro le falta algo. En función de esa falta, porque algo perdió, se transforma en Otro deseante.
La pretensión del todo es una locura humana: “¡No siento que me de todo!” “¡No quiere compartir todo!”, reclama, y no deja de reclamar, - demandar - la paciente en análisis refiriéndose a su compañero. ¿Qué sería que le diese todo?
Obtendremos bienes de todo tipo, pero nunca el deseo será satisfecho como tal, porque si lo fuera, el ser se extinguiría porque al dejar de ser deseante, simplemente, dejaría de ser.
La mirada envenenada del niño viendo mamar a su hermano del pecho de su madre. Hasta ese momento presuntamente tranquilo, se abre para él el drama de la rivalidad y los celos: simplemente querer lo que el otro en ese momento posee y quererlo en exclusiva y absoluta propiedad excluyente.
De esta manera surge la historia deseante, si bien en un primer momento el deseo es captado en el otro, ese otro que me denomina, también y en ese mismo instante se piensa que es el otro quien posee el objeto que a mi me falta surgiendo la rivalidad.
“El deseo, dirá, es una relación del ser a la falta. Esta falta es, hablando con propiedad, falta de ser. No es falta de esto o aquello, sino falta de ser”. El sujeto se ha constituido partiendo de Otro y de un Ser sin faltas.
En realidad ¿Qué quiere el niño?, simplemente ser reconocido, por lo tanto: “El deseo también se puede entender como deseo de reconocimiento”. Si por reconocimiento entendemos obtener un lugar en el Otro, ser reconocido, aceptado, amado por el Otro.
Y el amor nos conduce a demandar. “El deseo a pasado al estado de demanda”, o sea: dicho, hablado, expresado en palabras. Es la intención, la intencionalidad que se dirige ¿hacia quién? Primordialmente hacia la madre. Y esa demanda que hace pasar al deseo por el molinete de la palabra es siempre, demanda de un don de amor.
En la clínica ocurre lo mismo, nos aproximamos a algún saber del deseo a través de las demandas del paciente. Y como el deseo es siempre metonímico, o sea que siempre se desliza y se desplaza, la demanda se renueva. Pasando de lo que fue un pedido a una demanda de amor que es inconsciente.
Anteriormente equiparamos la energía del deseo a la energía pulsional, definiendo esta como una fuerza que ataca al organismo desde el interior y lo empuja a realizar ciertos actos que parecen tender a un fin.
“….. Suponemos que las fuerzas que empujan (que pulsion) son producidas por los órganos del cuerpo como expresión de las grandes necesidades corporales. Llamamos pulsiones (Trieb) a estas necesidades corporales en la medida en que constituyan estimulaciones para la vida anímica”.
La pulsión es un concepto que está entre lo somático y lo psíquico:
Somático; en tanto que se parte de un estímulo que tiene que ver con la necesidad, necesidad que gana cierta tensión.
Psíquico; en tanto que la pulsión es el representante psíquico de la tensión interna que produce la necesidad.
“Una pulsión nunca puede pasar a ser objeto de la conciencia; sólo puede serlo la representación. Si la pulsión no se adhiriera a una representación, ni saliera a la luz como un estado afectivo, nada podríamos saber de ella”.
Por ejemplo; el carácter sexual de las pulsiones cuya suma constituye el fundamento de la sexualidad infantil se define en un primer momento por un proceso de apuntalamiento, en lo que Freud llamó “necesidades” (ó “funciones de importancia vital”). Así, la satisfacción de la necesidad de nutrirse que se realiza mediante la succión, es también una fuente de placer, y los labios se convierten en una zona erógena, origen de una pulsión parcial.
En un segundo momento, esa pulsión parcial, se separa del objeto inicial de apuntalamiento y se vuelve autónoma. Funciona entonces de manera autoerótica. Este registro del autoerotismo constituye la fase preparatoria de lo que Freud, algunos años después denominará narcisismo primario
La pulsión se compone de un empuje, energía o fuerza constante, motor, suma de fuerza o cantidad de trabajo que ella representa, de una meta que en todos los casos es la satisfacción y que solo puede alcanzarse cancelando la tensión originada en la fuente o zona erógena y para alcanzar el objetivo se requiere de un objeto.
Freud se propuso asignar a cada pulsión una fuente determinada: esto ocurre claramente con las zonas erógenas, que constituyen las fuentes de pulsiones bien definidas, pero también señala “fuentes indirectas” tales como: “la actividad muscular”, “los procesos afectivos”, “el trabajo intelectual” etc.
En realidad el objeto es una excusa porque la pulsión encuentra a la satisfacción en el recorrido mismo, es por eso que el objeto puede ser cualquiera, en la misma tensión sexual ya hay placer.
El contacto de cualquier zona erógena provoca un sentimiento de placer, pero al mismo tiempo es apto para despertar la excitación sexual que reclama más placer. Siempre se exige más, Y en esa diferencia entre lo que se obtiene y lo que se exige se sostiene la pulsión.
Otra de las preguntas que nos debemos hacer es cómo dominar a la pulsión, en tanto que es una fuerza que empuja incansablemente; Freud habla de cuatro destinos posibles de la pulsión: la vuelta contra la propia persona, su inversión en lo contrario (por ej. de actividad en pasividad) , la sublimación y la represión.
Los dos primeros procesos, el primero afecta al objeto y el segundo al fin, se hallan en realidad, tan íntimamente ligados entre sí que es difícil describirlos por separado. La vuelta del sadismo en masoquismo implica, a la vez, el paso de la actividad a la pasividad y una inversión de papeles entre el que inflinge los sufrimientos y el que los soporta; este proceso puede detenerse en una fase intermedia, en la cual existe una vuelta hacia la propia persona, cambio de objeto. Los dos procesos pueden evidentemente funcionar en el sentido opuesto: transformación de la pasividad en actividad, vuelta desde la propia persona hacia el otro; “…que la pulsión se vuelva desde el objeto hacia el yo o que se vuelva desde el yo hacia el objeto…esto no es en principio, diferente”.
En cuanto a la sublimación, nos explica ciertas actividades que parecen no guardar relación con la sexualidad, pero que hallan su energía en la fuerza de la pulsión sexual; se dice que la pulsión se sublima, en la medida en que es derivada hacia un nuevo fin, no sexual, y apunta hacia objetos socialmente valorados.
En cuanto a la represión es el mecanismo por medio del cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente, representaciones ligados a una pulsión.
“El punto fundamental... del ser hablante... es esa relación perturbada con su propio cuerpo que se denomina goce...”
Modificar el goce, convertir el goce. De eso, se trata en un análisis. Habida cuenta de un cuerpo que goza, conducir al analizante a un goce fálico, a un goce de la lengua, no mas goce solo del cuerpo. El goce fálico es aquel que es distinto del goce del cuerpo.
Además hay otras relaciones del cuerpo que no son solo soporte del goce: por ejemplo, los afectos y el amor.
“La pulsión reprimida, nunca cesa de aspirar a su satisfacción plena, que consistiría en una vivencia primaria de satisfacción; todas las formas sustitutivas y reactivas y todas las sublimaciones son insuficientes para cancelar su tensión acuciante y la diferencia entre el placer de satisfacción hallado y el pretendido, engendra el factor pulsionante que no admite aferrarse a ninguna de las situaciones establecidas, sino que acicatea, indomeñado, siempre hacia delante”.
Terminemos por hoy hablando de la elección de objeto.-
La experiencia de satisfacción posibilita delimitar el objeto perdido y con ello el concepto de objeto. La imagen del objeto que satisface, adquiere un valor electivo y bajo el primado genital-fálico, el objeto muchas veces es elegido en tanto hay algo en él que apunta al objeto parcial de la pulsión, elección que se da atendiendo obviamente a una historia.
Las condiciones exigidas al objeto de la elección ponen en juego, por una parte, la fijación (un lazo íntimo de la pulsión con el objeto parcial) y, por otra, la fantasía (en particular la fantasía cuyo contenido es el quehacer sexual de la madre: fantasías de infidelidad de la madre) bajo el imperio del Edipo.
El objeto de amor o el objeto de la elección de objeto sustituirá a ese objeto perdido, oscilando entre la elección narcisista de objeto o la elección anaclítica (en la mujer que lo crió y en el padre protector). La elección de objeto atiende tanto a la elección de una persona determinada (por ejemplo un padre) como a cierto tipo de objeto (por ejemplo objeto homosexual).
Veamos en que consisten estas elecciones:
- Elección objetal por apoyo o anaclítica.- el objeto de amor se elige sobre el modelo de las figuras parentales, en tanto éstas aseguran al niño alimento, cuidados y protección. No olvidemos que originariamente las pulsiones sexuales apoyan a las pulsiones de autoconservación.
- Elección objetal narcisista.- esta elección se efectúa sobre el modelo de la relación del sujeto con su propia persona, y en la cual el objeto representa a la propia persona en alguno de sus aspectos. En la Introducción al narcisismo, Freud amplía el concepto de elección narcisista y dice que se ama según el tipo narcisista: a.- lo que uno es
b.- lo que uno ha sido
c.- lo que uno quisiera ser
d.- a la persona que ha sido una parte de la propia persona.
En los tres primeros casos, se trata de la elección de un objeto parecido a la propia persona del sujeto, lo que sirve como modelo es una imagen o un ideal y la semejanza entre el objeto elegido y el modelo puede ser meramente parcial, reducida a algunos signos privilegiados. En el último caso, Freud alude al amor narcisista que una madre siente por su hijo, el cual en otro tiempo ha sido parte de su propia persona.
No obstante, los dos tipos de elección serían puramente ideales y susceptibles de alternar entre si o de asociarse en cada caso individual.
RESUMIENDO:
Por pulsión entendemos:
· una fuerza o presión que surge desde el interior del organismo y lo empuja a realizar ciertos actos encaminados a un fin.
· el representante psíquico de la fuente interna corporal provocada por estimulaciones que fluyen de manera continua por lo tanto no se puede huir de ellas.
· Fuerza que no cesa de inscribirse y que impulsa a atrapar al objeto
· Las pulsiones siempre son parciales por lo tanto nunca completas, no hay objeto capaz de satisfacerla en su totalidad.
· Como un concepto entre lo somático y lo psíquico.-
1.- somático en tanto que se parte de un estímulo que tiene que ver con la necesidad que genera cierta tensión; tensión que atendiendo al principio del placer se tiende a hacerla desaparecer, mediante un objeto.
2.- Psíquico en tanto es el representante psíquico de la tensión interna que produce la necesidad.
Componentes de la pulsión:
· Fuente.- tanto el órgano mismo desde donde se produce la excitación como el proceso orgánico que da origen a la excitación somática en tanto que es parte del cuerpo. Cada pulsión tiene una fuente determinada (zonas erógenas) pero además interviene toda la musculatura.
· Empuje.- fuerza, motor, para alcanzar el fin
· Fin.- eliminar la excitación producida en la fuente (satisfacción). Suprimir la excitación que hay en la fuente.
· Objeto.- elemento o instrumento para alcanzar el fin. Será determinante como el sujeto se relacione con los objetos, tanto del propio cuerpo como externos. Viene determinado por la historia del sujeto.
¿Cómo saber de la pulsión?
Tan solo por su representante, es decir por su representación bien por un estado afectivo o bien corporal.
La pulsión esta formada por un representante (fijación) y por un monto de energía psíquica. Esto es lo que va a llevar a la compulsión a la repetición.- bien porque las experiencias fueron placenteras o bien por traumáticas se quiere dominar las situaciones.
¿Cuántas pulsiones pueden existir?
Se pueden invocar diversas pulsiones como la pulsión de juego, pero hay que indagar si tales motivos pulsionales no son susceptibles de una ulterior descomposición, de modo que tan sólo las pulsiones primordiales puedan adjudicarse legítimamente el nombre de pulsión.
Destinos de la pulsión.-
· La represión
· La sublimación
· La inversión en lo contrario
· La vuelta contra la propia persona
La pulsión no es sin palabras significantes, las cuales vienen a dar cuenta de la historia del sujeto, dan cuenta de la realidad psíquica del sujeto, de sus deseos en tanto que nada se podría entender si no es a partir de una perdida que da lugar a la demanda y es por eso que la demanda es una manera de dar cuenta de la pulsión, otra es el síntoma.
La pulsión se escucha a través de la demanda
Al cuerpo hay que escucharlo, interrogarlo porque en el cuerpo no solo hay materia también hay psiquis.
El cuerpo es sexuado y de esa parte del cuerpo da cuenta la líbido
El Yo es un nombre para aquello que de la superficie del cuerpo se proyecta psíquicamente.
Podríamos pensar que todo empieza con el cuidado corporal que provocó sensaciones placenteras o sensaciones dolorosas y luego la perdida, esa perdida que nos adentra en el circuito de la demanda, demanda que se expresa por mediación del cuerpo.
Desde lo oído o desde lo visto; en la fantasía se ha formado una imagen del propio cuerpo; siempre desde el deseo del otro lo cual va a influir con la relación que el sujeto tendrá con ese otro objeto.
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