SUEÑOS Y FUNCION PATERNA. Alfonsi huete
D. es un paciente que llega a terapia a partir de la experiencia en un curso de formación en terapias humanistas, de corte experiencial.
Es hijo único; sus padres son trabajadores autónomos del ramo de los oficios; la madre tiene el negocio al lado de la casa familiar. La relación con la familia paterna es inexistente y muy cercana con la materna. La abuela materna ha ejercido la función de madre cuando aquella estaba trabajando.
En su infancia refiere miedos nocturnos que provocaban que durmiera en la cama de su padres (el paciente dirá “la cama de mi madre”) hasta los 11 años, yendo su padre a dormir a la cama del hijo. Aun de adulto no se sentirá cómodo en la oscuridad.
Su historia de integración en el grupo de iguales está atravesada por la duda de si le elegían por ser sus amigos o porque disponía de juguetes electrónicos y de permiso de su madre para llevar amigos a casa; esta duda está relacionada con haber oído a su madre atribuirse ambos hechos como mérito propio delante de otras mujeres, lo que lleva al paciente a cuestionar la validez de estas relaciones.
En la adolescencia tiene una época de intentar identificarse con los amigos de su pueblo priorizando “ir dando tumbos por ahí, ser uno más”, frente a mantener sus estudios, lo que derivará en un abandono del bachiller ya iniciado y un cambio de rumbo hacia FP. En esta época van a aparecer síntomas de angustia e ideas obsesivas sobre el tamaño de su pene; también sufrirá desvanecimientos en aseos públicos cuando va a orinar. Este conjunto de síntomas es valorado por distintos especialistas, y, en algún momento, diagnosticado de fobia. El paciente está medicado desde entonces, hasta un año después de empezar terapia que podrá afrontar una reducción de la medicación.
Cuando inicia terapia, está terminando una diplomatura y trabajando en una asociación con un contrato en prácticas y cuyo trabajo es de su agrado; decidirá seguir estudiando, ahora una nueva licenciatura, a pesar de la oferta de renovación de contrato laboral por parte de la asociación. Esta elección le proporciona la posibilidad de seguir viviendo en el piso de estudiantes unos años más, a la vez que lo mantiene en dependencia económica, motivo por el cual el paciente tiene frecuentes y fuertes discusiones con su madre que le reprocha esta situación.
En el discurso del paciente es llamativa la continua referencia a su madre ante cualquier interrogante que se le plante. Es decir, ante cualquier llamado a la subjetivización, o todo le remite a su madre, o cita los “decires” de su madre como respuestas a las preguntas que se le dirigen.
Es en este contexto de ausencia aparente del padre en la triada edípica, donde las formaciones del inconsciente, en este caso en forma de sueños, van a ir trayendo a la conciencia del paciente la presencia de ese padre asociado al significante “policía”.
A partir del tercer mes de terapia D. va a empezar a referir una serie de sueños donde el elemento común es que el paciente se ve perseguido por la policía:
Sueño 1.: Estaba en el fondo de una calle en una urbanización y veía como la policía asaltaba una casa, supongo que porque buscaban a alguien que había hecho algo…yo observaba desde fuera, escondido, atemorizado, como si eso fuera también contra mí. La policía era brusca, violenta.
Asociaciones respecto a este sueño: He hecho algo por lo que debo huir, algo que tiene un peso importante, de delito. No hay escapatoria; huyo, pero antes o después me van acoger, me quiero morir.
El juicio de los demás, haga lo que haga, va a caer sobre mí.
Sueño 2: Alguien había puesto una bomba y alguien había muerto; y otra vez esa búsqueda del culpable. En un principio parecía que yo era el punto de mira del atentado, como si yo estuviera en peligro de que fueran a por mí. Luego yo también me ponía una camiseta de policía ¡pero solo la camiseta! , y era de policía local, no de Guardia Civil o…era como destartalado, la camiseta más grande que mi talla.
Lo asocia con no hacer las cosas bien, como las haría un verdadero policía. Hago las cosas a mi manera, no como se deben hacer.
Sueño3: otra vez han vuelto los sueños de persecución, pero ahora estoy más esperando que me pillen. Ha habido un robo en una casa y nos están buscando. Yo volvía a esa casa con mi tía (hermana pequeña de la madre con la que tiene mucha relación por tener poca diferencia de edad), sabiendo lo que había hecho; la dueña de la casa me hace saber de forma indirecta, a través de mi tía, que cómo me atrevía a volver allí sabiendo lo que había hecho. Que eso era imperdonable. Yo me siento rechazado y me voy. Habían descubierto que era yo porque había defecado en el balcón de la casa. ¿Cómo eres tan absurdo, tan tonto, de robar en un sitio y dejar tu huella?
Lo asocio con esta sensación de haber hecho algo malo y además ser inadecuado.
Esta misma noche soñé que mi padre se iba de casa con otra mujer; yo lo veía con esa mujer y él me decía que se lo dijera a mi madre. Me sentía traicionado, que nos traicionaba a mi madre y a mí.
Asociaciones: me he sentido con mucha frecuencia como mediador entre mi padre y mi madre, que me usaban para comunicarse entre ellos; bueno, esto lo hacía más mi madre. Me llama la atención que no distingo bien en el sueño si la traición es a mi madre o a mí, como si los dos fuéramos una misma persona
A través de los sueños D. puede reconocerse como el autor de “sí” de aquello que le angustia. Si ante los hechos objetivos de su vida no puede dar cuenta de su angustia, quedándose sin respuestas o percibiendo estas en la figura de su madre, los sueños son sin duda una producción propia y nadie sino él, puede dar cuenta de los mismos.
A pesar de la ausencia del padre en su discurso sobre su realidad, la aparición en los sueños de una simbolización de la ley, a través de la figura de la policía, le va a permitir ir acercándose a poner palabras a esa angustia, reconociéndose progresivamente responsable de su lugar en el triángulo edípico. Esto va permitiendo ir asumiendo sus deseos como diferentes de los de la madre y reconociendo el anhelo por la figura paterna.
En la actualidad el paciente menciona a su padre en su discurso; muestra a un padre apoyador aunque poco eficaz en el establecimiento de límites en la relación entre el paciente y la madre; pero sus sueños nos hablan de una inscripción de la ley en la realidad psíquica de este paciente y su posibilidad de ir simbolizando estos elementos para elaborar por sí mismo una resolución edípica más saludable.
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