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Ganancia de la enfermedad- más allá del principio del placer

            Hasta ahora hemos visto como el síntoma está relacionado con la represión y con el fracaso de esta. Y como el síntoma viene a sustituir a la representación reprimida o inconciliable de carácter sexual. Siendo el síntoma una formación sustitutiva de dicha representación.

            Retomemos la percepción mítica de satisfacción, ahí vimos como el objeto se constituía como un objeto perdido, de lo cual podemos deducir que no existe complementariedad entre el sujeto humano y el objeto de su deseo; en tanto que este siempre estará perdido.

            ¿Cuál es la salida que nos queda? El intento de realización del deseo; decíamos que en realidad el objeto de la pulsión es lo de menos, ya que la satisfacción está en el intento, en el recorrido de la pulsión, en el placer de desear. Con esta visión también podemos entender el carácter repetitivo del síntoma.

            Entonces:

  • Hay una satisfacción que es mítica
  • Hay una satisfacción que está perdida
  • La satisfacción mítica está perdida
  • No hay un objeto que venga a complementar al sujeto
  • La realización del deseo es un señuelo, ya que implica otra forma distinta de satisfacción
  • Como el deseo es indestructible, la repetición no tiene fin.

¿En qué consiste la repetición? En buscar signos que por su relación puedan asociarse al objeto perdido, signos a los que  traspasar la suficiente carga pulsional para hacer de  ellos su objeto de deseo.

La pulsión siempre nos conduce a la repetición; insistimos en repetir las experiencias dolorosas del pasado, porque lo que está en juego es la pulsión de muerte. (1)

      Cuando hablábamos de la represión primaria, decíamos que  un representante de la pulsión no encuentra palabras para ser nombrado y por lo tanto no puede representarse y que ahí se producía una fijación. Que desde el inconsciente atraía a representaciones, las cuales por este hecho quedaban reprimidas; a lo que llamábamos represión secundaria.

      Freud lo que viene a decir es que mediante la asociación libre, el paciente puede recordar, habla de la represión secundaria, y llegar a algo que nunca supo. Asociando puede ligar distintas representaciones y, a partir de allí, producir algo que nunca supo.

      Pero hay algo que nunca se podrá saber y que tiene que ver con la represión primaria, el resto o la marca que siempre nos recordará la satisfacción perdida.

            Es por esto que el síntoma no solo es una formación sustitutiva también tiene valor de satisfacción sustitutiva.

            Con esta nueva aportación, Freud descubre la ganancia primaria de la enfermedad.

 

El síntoma es un intento de recuperar esa satisfacción perdida. En el epílogo del caso Dora, Freud subraya que la sexualidad traumática, presta la fuerza impulsora para cada síntoma y para cada exteriorización singular de un síntoma; pero si es traumática ¿por qué impulsarla? es entonces cuando Freud se da cuenta que los síntomas aparecen como un intento parcial de sustituir, esa mítica satisfacción ya perdida.

Freud se encuentra  con pacientes, que aún a pesar del trabajo de la cura hay un fragmento determinado de su pasado al cual han quedado fijados y  él que había ubicado al síntoma como sustituto, vía represión, de algo obstruido, donde el sentido era desconocido para el enfermo y donde el análisis iba a mostrar que eran retoños de procesos inconscientes y que con el análisis, el síntoma, como formación sustitutiva, posibilitaba que lo reprimido adviniese, apareciendo un sentido inesperado y un efecto de sujeto. Ahora descubre, con la fijación de los pacientes a un fragmento de su pasado, que los síntomas sirven a la satisfacción sexual de los enfermos, en tanto que son un sustituto de esa satisfacción que les falta en la vida.

       La satisfacción del síntoma por un lado tiene que ver con el objeto perdido y por otro lado como respuesta a lo que está perdido. Es decir por un lado no tiene que ver con el bienestar del sujeto y por el otro es su modo de satisfacción.

      Si releemos la 23ª Conferencia que se llama “los caminos de la formación del síntoma”, allí va a decir que el síntoma repite aquella modalidad de satisfacción de la temprana infancia, transpuesta o desfigurada por la censura, debido al nacimiento de algún conflicto.

      ¿Cómo es aquella modalidad de satisfacción?, se pregunta. “...es irreconocible para el paciente, que siente la presunta satisfacción más bien como un sufrimiento y, como tal, se queja de ella”. “Hay todavía algo más que hace que los síntomas nos parezcan asombrosos e incomprensibles como medio de la satisfacción libidinosa. En manera alguna nos recuerdan algo de lo que solemos normalmente esperar de una satisfacción. Casi siempre prescinden del objeto y renuncian, por lo tanto, el vínculo con la realidad exterior.”.

      Planteándonos la curación de los síntomas, llegamos al punto en el que nos encontramos con ese valor de satisfacción sustitutiva del síntoma, al cual el paciente y aún a pesar de él, se aferra volviéndose un obstáculo para la curación; en estos momentos Freud empieza a dar un giro desde cómo opera la curación a los obstáculos que impiden dicha curación, tropezando con la ganancia secundaria de la enfermedad. A la que define como, aquella tiranía que el paciente puede instituir en su medio familiar.

      Hay que ser cauteloso, por ejemplo, a la hora de recetar una baja porque podríamos estar haciéndole el juego a la ganancia secundaria de la enfermedad, son cosas que hay que valorar y hacer que el paciente hable sobre ello. En ese sentido también hay que ser cautos a la hora de diagnosticar, un diagnostico sirve de salvoconducto, es como darle el permiso a que esté enfermo. Y sobren todo la cuestión del pago, no cobrar una sesión por ausencia es tanto como avalar esta ausencia, decirle: “puedes ponerte enfermo y no acudir a sesión”. Hay que ser muy cauto en estas cosas.

      En la 24ª Conferencia, Freud apunta que por regla general el Yo pronto  advierte que el yo ha hecho un mal negocio abandonándose a la neurosis, pues empieza a sentir que está pagando demasiado caro el alivio del conflicto inicial; entonces, dice Freud, que el yo querrá liberarse de ese displacer de los síntomas pero sin perder la ganancia secundaria de la enfermedad. Esto no es posible.

      El síntoma, como ya apuntamos, es una de las salidas, en cuanto intento de recuperar la satisfacción perdida y la otra es el fantasma, mediante el cual se intenta ubicar un objeto en el lugar del objeto perdido de la pulsión.

      Ante la imposibilidad de rememoración, el sujeto tiene una necesidad de crear respuestas y aquí aparecen los fantasmas.

 Los fantasmas primordiales son un patrimonio filogenético. En ellos el sujeto rebasa su vivenciar propio hacia el de la prehistoria; llena las lagunas de la verdad individual con una verdad prehistórica.

El fantasma no es más que una solución que el analizante encontró frente al enigma del deseo de sus padres.

 EL FANTASMA (2) es la manera en que cada sujeto se relaciona con la causa de su deseo. Entonces mediante el fantasma el sujeto se imagina siendo causa del deseo del Otro. El fantasma es pues un anhelo de completud. Es una forma de vida, el fantasma nos determina en nuestras relaciones con los otros y con la vida en general.

Partimos de tres fantasmas originales, que se refieren a los orígenes:

·         Escena primaria.- al origen del individuo

·         Fantasía de seducción.- al origen de la sexualidad

·         Fantasía de castración.- al origen de la diferencia de los sexos

Estas fantasías originales se transmiten filogenéticamente; luego tenemos los fantasmas fundamentales y aquí intervienen las vivencias personales de cada uno. Los fantasmas fundamentales son la manera en que cada uno vive los fantasmas originales.

Una paciente me habla de su angustia ante el tener que pedir, su angustia ante el tener que expresar su deseo, “nosotros estamos para atender a los demás”; esta frase la recoge de su época infantil, cuando tenían una tienda de ultramarinos, cree habérsela escuchado a su madre.

En relación a la frase asocia dos imágenes: una en el colegio cuando sus amigos se burlaban de ella, recuerda sentirse sola y con miedo a recibir algún tipo de daño, también apunta que sus padres no tenían tiempo para ella.

La segunda escena que le viene es con su profesor particular, él la adulaba, le daba cariño. Era el único que se fijaba en ella; pero al mismo tiempo abusaba de ella, también aquí le viene el sentimiento de recibir daño.

El fantasma fundamental sería la manera, atendiendo a su historia personal, en que esta paciente vive el fantasma originario: “nosotros estamos para atender a los demás...” en ese sentido podríamos pensar que cada vez que ella se desvive por el otro, cada vez que acude a las demandas del Otro, está reviviendo la parte gozosa de la escena de seducción.

De esta manera, Freud introduce, tanto por el lado del fantasma como por el lado del síntoma, el problema de la satisfacción.

En la clínica podremos  intervenir: de la siguiente manera:

A.- La vertiente sintomática.-

1.- La puntuación.- equivale a la escansión,  puntuar el texto del discurso del analizante; se dice escansión si en ese momento se corta la sesión.

2.- La cita.- el analista cita un enunciado del paciente, siendo este ahora el lector, fuera de contexto.

3.- Equivoco por homofonía.- el equívoco de la lengua

4.- Equivoco gramatical.- en una misma frase hay dos sentidos diferentes no necesariamente incompatibles entre sí. La paciente esta angustiada por que hoy es un día funesto, ya que es 15 de enero y ese día murió su padre...

5.- Equivoco lógico.- hay que destacar las contradicciones lógicas del discurso del paciente. Ejem. Con la muerte todo se acaba ¿Cómo lo sabe?

B.- La vertiente del Fantasma...-

1.- Aseveraciones.- repeticiones que se producen en la transferencia. El analista señala la posición subjetiva del analizante en el mundo, que determina sus relaciones con sus semejantes y las figuras del Otro. El analista funciona como semblant; el silencio y el corte están privilegiados y se oponen al goce de la repetición en la transferencia. Obviamente en el psicodrama esto se juega de otra manera. No es tanto desde el silencio del analista sino desde la identificación, el corte se realiza concluyendo la escena o incluso no llegando a representarla.

2.- Interpretación.- solo ejercerá cuando actúe sobre el goce que el deseo intenta reconquistar (3). Ahí donde en una misma sesión se habla de las dos caras del fantasma, goce con la madre y asesinato del padre, cuando el paciente está hablando de una devolverle la otra. De lo que se trata es de reunir en una sola secuencia dos significaciones separadas. Este papel en el psicodrama se deja para el observador, el cual será el encargado de hacer la devolución al final de la sesión. (4)

     

Con el “más allá del principio del placer”, con la pulsión de muerte  y con el masoquismo, emerge algo novedoso que Freud va a llamar “la reacción terapéutica negativa”.

         Con la reacción terapéutica negativa surgirá un sentimiento inconsciente de culpa que hallará su satisfacción en la enfermedad y no querrá renunciar al castigo del padecer. O sea, una satisfacción con el padecer.

Con “Más allá del principio del placer”, el placer producido por la tensión del deseo va a ser retomado por Freud como “placer” de la repetición: el placer del acto en sí, y como la misma insistencia de la cadena asociativa, además de la compulsión del síntoma, altera la homeostasis, altera ese reino del placer como disminución de la tensión y, es en este sentido que introduce un más allá del principio del placer.

                                                    

      Dejaremos para el próximo día los obstáculos que impiden la curación, hoy terminamos con este juego del fort-da para ejemplificar esta repetición que va más allá del placer.

      Como sabemos se trata de un juego que practicaba el nieto de Freud, en él el muchachito hacia desaparecer un carretel al mismo tiempo que pronunciaba un fort, el cual sanciona una pérdida (la ausencia de la madre) y después tirando volvía a sacar el carretel de la cuna, saludando ahora la aparición del mismo con un amistoso da (acá está). Esa pérdida del objeto pone en juego el intento de recobrarlo; operando la repetición. En realidad era un juego que simbolizaba la ausencia y presencia de su madre.

Las más de las veces solo se había podido ver el primer acto, repetido por si solo incansablemente en calidad de juego, aunque el mayor placer, sin ninguna duda, correspondía al segundo. Es imposible, dice Freud, que la partida de la madre le resultase agradable. Entonces ¿Cómo se concilia con el principio del placer que repitiese en calidad de juego, esta vivencia penosa para él?

Se responde que jugaba la partida porque era la condición previa de la gozosa reaparición; pero lo contradice el que este primer acto era escenificado por sí solo y con frecuencia incomparablemente mayor que el juego íntegro.

Lo primero a lo que concluye  Freud es que juego y placer no se conjugan. Además el empuje de la pulsión no cesa  emergiendo como fuerza constante, lo cual causa el juego, por lo tanto la repetición debe ir conectada a una ganancia de placer de otra índole, que proviene de otra fuente pero directa. Una ganancia de placer no sin displacer, más originaria, más elemental y más pulsional que el principio del placer, el placer de recobrar el objeto ya perdido para siempre. Se trata del placer de la repetición misma.

Para que la repetición sea eficaz en la práctica del psicodrama, es necesario que se transforme en representación. La repetición siempre es de algo que nunca ha sido y es por lo tanto un “encuentro fallido”. De allí que el fracaso sea un instrumento terapéutico, conduciendo al sujeto a través de él al duelo de relaciones infantiles, inherentes a la repetición.

“El privilegio de la repetición es lo que permite que resurjan los mismos gestos y las mismas palabras sin que los sujetos tengan conciencia de ello”.

Con frecuencia la intensidad de la representación es mayor que la escena original; al parecer, como se está en un terreno imaginario, las inhibiciones inherentes a ese momento, se atenúan, incluso llegan a desaparecer, viviéndose por lo tanto de manera diferente, la experiencia representada.

           

(1) La pulsión de muerte, tiende a la reducción completa de la tensión, es decir, a devolver al ser vivo al estado inorgánico. Las pulsiones de muerte se dirigen primeramente hacia el interior y tienden a la autodestrucción; secundariamente se dirigen hacia el exterior, manifestándose en forma de pulsión agresiva.

(2) Apuntes de Psicodrama  pg. 107 edit.  ECU  E. Cortés

(3) Psicodrama: una propuesta freudiana edit. Alboran pg.92 (edición 2009) E. Cortés y Colaboradores

(4) Apuntes de Psicodrama pg. 59 y s.s.  edit.  ECU  E. Cortés

 

 
 
 
 
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