|
Los obstáculos a la curación- la resistencia del ello- la construcción- inconsciente estructural
En la anterior reunión ya vimos como el síntoma obedece a una ganancia primaria y a una ganancia secundaria, y como ambas ganancias obstaculizan la curación.
Hoy continuaremos en esta línea, veremos cómo, aún a pesar de los empeños del terapeuta, la compulsión a la repetición le pone un límite al recuerdo y nos posibilita preguntarnos ¿qué es eso que resiste en lo que se repite?
Por una parte sabemos que el inconsciente no pone ninguna resistencia, sino todo lo contrario, ya que él no aspira a otra cosa que a irrumpir y por otra parte ya hemos hablado de lo que no puede ser ligado a ninguna representación y que es precisamente lo que tiende a repetirse.
Entonces tenemos, que por un lado lo inconsciente empuja hacia afuera y por otro un resto que no puede ligarse a ninguna representación, límite de la significación fálica.
Será en “inhibición, síntoma y angustia”, cuando Freud va a llamar a esta resistencia: la resistencia del ello.
Si recordáis cuando hablamos de los inconscientes, hablamos de un inconsciente descriptivo, que era el latente o preconsciente, luego hablamos de un inconsciente dinámico que era el reprimido y ahora hablamos de un inconsciente estructural o del ello, que es el inconsciente que no ha sido reprimido ya que nunca ha sido consciente.
En este inconsciente se trata de lo que no va a poderse ligar y que por ello formará una Resistencia al descubrimiento de las resistencias. Momento de detención en la cura: allí despuntará algo silencioso, para lo cual no habrá representación alguna: el de la fijación, testimonio de la irreductible pérdida de objeto, el del fantasma que viene a nombrar el “objeto” del trauma.
Tanto si atendemos al complejo de castración en su valor simbólico, como si lo atendemos en su otra cara, de lo que no se puede ligar; llegamos a la infinitud del análisis.
Por un lado un análisis permite cierto despliegue de la verdad del sujeto y cierta resolución de los síntomas, no obstante por aquí encontramos que hay algo interminable, ya que de lo que se trata es de la falta; pero en la otra cara del complejo de castración, está en juego lo que no puede ser ligado y por este otro camino ¿cómo acceder al núcleo patógeno de la neurosis, en tanto que este es el referente del síntoma y al mismo tiempo un material no representado? Freud va a introducir la construcción (1) y clínicamente se sostiene en esa Resistencia al descubrimiento de las resistencias.
Pero, la función de esta Resistencia al descubrimiento de las resistencias en la transferencia, no implica que la meta inicial freudiana de llenar las lagunas del recuerdo sea dejada o apartada.
Este objetivo de Freud que encontró su límite en la resistencia de transferencia, lo lleva a decir, en las dos últimas conferencias de introducción al psicoanálisis, que la neurosis de transferencia se concentra en un único lugar, la relación con el analista el cual se sitúa, en calidad de objeto, en el centro de la neurosis de transferencia.
Allí donde aparece la transferencia como obstáculo, allí donde surge el analista como núcleo organizador del análisis, es donde para Freud está la clave de las lagunas mnémicas. Es lo que va a dar lugar no a la interpretación sino a la construcción.
Si nos acercamos al texto “Análisis terminable e interminable”, os adelanto que este será el texto con el cual vamos a dar por concluido este seminario, allí Freud dice que la Resistencia al descubrimiento de las resistencias queda a cargo del analista que, como objeto, está situado en el centro de la neurosis de transferencia; momento en el que las asociaciones se paran ya que se trata de la presencia de un elemento no representado en las asociaciones. Es lo que Freud llama fijación o fantasma (2), la cara no simbólica del complejo de castración que tiene como referente clínico la resistencia del ello, ¿Cómo se hace presente? Bajo la forma de una resistencia que se opone al trabajo analítico; y no se sostiene como sustitución de un representante por otro, sino desde los fantasmas primordiales.
Los fantasmas primordiales aparecen para Freud como preguntas filogenéticas y figuran bajo un modo constante, a diferencia del desplazamiento asociativo de los síntomas.
“Es una construcción del acontecer histórico primordial”, Freud no va a decir mucho más, tan solo que se trata de un saber originario perdido, que se halla ligado al simbolismo del lenguaje, pero cuyo sentido genuino ha escapado por completo.
Para concluir recordar que la primera resistencia que vimos fue la resistencia de asociación o longitudinal, la cual se juega en la cadena asociativa, esta se va a articular con la represión secundaria e implica la interpretación; la segunda es la radial, que es la que se sostiene en el núcleo patógeno y a su vez es la que se relaciona con el analista como obstáculo.
Resumamos: Freud parte para el trabajo analítico de una primera etapa, inconsciente descriptivo, donde se trata de llenar las lagunas del recuerdo.
Pero como así no se solucionaba la tarea analítica, en la 28ª Conferencia se plantea descubrir las resistencias del paciente, incitándolo a que las abandonase.
Más tarde se le hizo cada vez más claro que el devenir de lo inconsciente a lo consciente tampoco podía alcanzarse por este medio. El enfermo puede no recordar todo lo que hay en él de reprimido, acaso justamente lo esencial. En este momento introduce la teoría de la repetición, siendo esta un tope para el recuerdo. “No se recuerda, se repite”. El recuerdo es un acto, vale decir, adviene únicamente en el momento en el que, en el trabajo asociativo, se sustituye un representante inconsciente por otro representante inconsciente. El retorno de lo reprimido opera por repetición. Será en el “Más allá del placer” que hablará del placer de la repetición.
Por último a partir de este texto y de “análisis terminable e interminable” descubre no solo un tope al recuerdo sino también un límite a la significación. Es decir que hay algo que no retorna, incluso como repetición.
Los obstáculos de la curación pueden llevar, en última instancia, a la reacción terapéutica negativa. Introducen el beneficio primario del síntoma, la necesidad de castigo o el sentimiento de culpa inconsciente. El placer en el displacer. Dicho sujeto, aún sin saberlo, busca cierto padecer que se instala en el síntoma, como reacción terapéutica negativa, entonces, dice Freud, se complica el análisis y se debe introducir la construcción.
(1) Término, según el diccionario de Laplanche y Pontalis, propuesto por Freud para designar una elaboración del analista más extensa y más distante del material que la interpretación, y destinada esencialmente a reconstruir en sus aspectos tanto reales como fantaseados una parte de la historia infantil del sujeto.
(2) Estructuras fantaseadas típicas que el psicoanálisis reconoce como organizadoras de la vida de la fantasía, cualesquiera que sean las experiencias personales de los individuos, la universalidad de estas fantasías se explica por el hecho de que constituirán un patrimonio transmitido filogenéticamente. Se encuentran de un modo muy general en los seres humanos, sin que puedan referirse siempre a escenas vividas realmente por el individuo.
El fantasma tiene que ver con la realidad psíquica y/ el deseo del inconsciente. Sirven para disimular la actividad autoerótica de los primeros años de la infancia, por lo tanto detrás de estas fantasías surge en toda su magnitud la vida sexual del niño.
En un momento estructural y evolutivo del sujeto, este se va a encontrar con una serie de preguntas constitutivas y traumáticas, al mismo tiempo, preguntas sobre la sexualidad, sobre la diferencia sexual… Freud va a acudir a los fantasmas filogenéticos para encontrar las respuestas, por lo tanto en el fantasma , el trauma, la sexualidad y la defensa hacen vínculo.
Hay que ir al síntoma para descubrir el fantasma, por ejemplo detrás de un síntoma de agorafobia puede haber una fantasía de prostitución.
La fantasía original es una estructura en la que está inscrita claramente la configuración edípica, el análisis revelará, detrás de las diferentes fabulaciones, los mismos escenarios típicos y repetitivos.
Las fantasías originales constituyen ese tesoro de fantasías inconscientes que el análisis debe ir descubriendo.
En el idioma castellano corriente la palabra fantasía es usada para referirse a la actividad psíquica de la imaginación y a sus producciones (facultad de evocar imágenes, es decir, rastros de impresiones sensoriales, de inventar, crear o concebir). Está vinculada a la ilusión como error producido por la esperanza respecto al cumplimiento de un deseo.
La palabra fantasma es usada para indicar la aparición con forma de ser real de algo imaginado o de un ser inmaterial, por ejemplo, el alma de un difunto. También a la persona disfrazada o al espantajo usados para simular la aparición de un espectro.
El término alemán Phantasie, en su uso coloquial, es semejante a lo que en castellano entendemos por fantasía. Para referirse a lo que en castellano entendemos como fantasma disponen del término Phantom. En la obra de Freud, la palabra Phantasie adquirió connotaciones conceptuales diversas.
En el idioma inglés, phantasy o fantasy responden al concepto de imaginación, fantasía, ensueño. En tanto disponen del término ghost para indicar fantasma, aparecido, espectro. Susan Isaacs (autora kleiniana) propuso en "Naturaleza y función de la fantasía" (1948) usar "fantasy" para los sueños diurnos y "phantasy" para el contenido primario de los procesos mentales inconscientes. Para los autores kleinianos, la noción de fantasía desempeña un lugar fundamental en la teoría. "Las fantasías son, en primer lugar, los representantes psíquicos de instintos libidinales y destructivos [...] se elaboran también como defensas y como realizaciones de deseos y contenidos de ansiedad".
En la lengua francesa, "fantasme" se corresponde con nuestro español "fantasía": "producción de la imaginación por la cual el yo busca escaparse de la influencia de la realidad", en tanto "fantôme" designa al fantasma como espectro. Lacan usa el término fantasme tanto para referirse a la palabra castellana "fantasía" en su uso coloquial, como para designar el concepto freudiano de fantasía, así como también para nombrar la noción nueva que introduce, y que en castellano usamos los psicoanalistas como "fantasma fundamental". Este concepto de Lacan figura, sin embargo, traducido en los Escritos en ocasiones como fantasía y otras veces como fantasma.
La noción de fantasía en la obra de Freud
En el apartado del libro de los sueños referido a la elaboración onírica secundaria (Capítulo VI), Freud menciona el papel de las fantasías o sueños diurnos como escalón preliminar de los síntomas histéricos agregando que "[...] además de tales fantasías conscientes existen otras -numerosísimas- que por su contenido y procedencia de material reprimido tienen que permanecer inconscientes".
Freud resalta el término "sueños diurnos" aplicado a las fantasías diurnas conscientes, ya que tienen en común con los sueños el ser realizaciones de deseos: "[...] tienen en gran parte como base las impresiones provocadas por sucesos infantiles y sus creaciones gozan de cierta benevolencia de la censura". La elaboración secundaria del sueño intenta constituir con el material onírico algo como una fantasía diurna. Cuando dicha fantasía se encuentra constituida de antemano y guarda relación con las ideas latentes del sueño, pasa con facilidad al contenido manifiesto del mismo. "Existen pues sueños que no consisten sino en la repetición de una fantasía diurna que ha permanecido, quizás inconsciente".
En "Los dos principios del funcionamiento mental" (1910-11), Freud plantea las relaciones de la fantasía con la realidad. La sustitución del principio de placer por el principio de realidad que allí propone, deja libre de confrontación una actividad mental a la que se le permite regirse únicamente por el principio de placer: "Esta actividad es el fantasear, que se inicia en los juegos infantiles, para continuarse posteriormente como sueños diurnos [...]".
Estos sueños diurnos pueden ser conscientes o inconscientes, y son susceptibles de originar tanto sueños nocturnos como síntomas neuróticos. También intervienen en la producción artística: "[...] el poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo fantástico y lo toma muy en serio; esto es, se siente íntimamente ligado a él, aunque sin dejar de diferenciarlo resueltamente de la realidad [...] mucho de lo que, siendo real, no podría procurar placer ninguno puede procurarlo como juego de la fantasía [...]".
Las mociones pulsionales insatisfechas son las fuerzas impulsoras de las fantasías, y "cada fantasía es una satisfacción de deseos, una rectificación de la realidad insatisfactoria". "[...] la poesía, como el sueño diurno, es la continuación y el sustitutivo de los juegos infantiles". Son estados psíquicos preliminares de los síntomas neuróticos.
Resumiendo, desde Freud, la fantasía es una actividad psíquica presente en la vida corriente (juego de los niños, ensueños diurnos, elaboración secundaria del sueño, creatividad en el artista, disfrute de las producciones del arte) que puede en determinadas condiciones generar síntomas neuróticos, constituyendo un estadio preliminar de los mismos.
Tales condiciones a veces son cuantitativas (su exacerbación) y otras veces están relacionadas con la relación de la fantasía correspondiente con los sistemas inconsciente y preconsciente: "Las fantasías inconscientes, o lo han sido siempre, habiendo tenido su origen en lo inconsciente, o, lo que es más frecuente, fueron un día fantasías conscientes, sueños diurnos, y han sido luego intencionadamente olvidadas, relegadas a lo inconsciente por la 'represión' [...] la fantasía inconsciente integra una importantísima relación con la vida sexual del individuo, pues es idéntica a la que él mismo empleó como base de la satisfacción sexual, en un período de masturbación". El contenido de las fantasías inconscientes en los neuróticos es similar a las situaciones creadas por los perversos para su satisfacción sexual en la realidad.
Como vemos, la fantasía desempeña un papel importante en la masturbación del niño y del adulto. En su artículo "Pegan a un niño" (1919), Freud desarrolla ampliamente estas cuestiones. Observamos lo complejo y dificultoso de situar la noción de fantasía (Phantasie) en Freud respecto de los sistemas Cc.-Inc.-Prec. En un apartado de su artículo "Lo inconsciente" (1915), Freud nos presenta a las fantasías como ramificaciones de impulsos inconscientes, con un alto grado de organización, apenas diferenciadas de los productos del sistema Cc., pero al mismo tiempo son inconscientes e incapaces de conciencia. "Pertenecen, pues, cualitativamente, al sistema Prec.; pero efectivamente al Inc.". Son productos "mestizos". "De esta naturaleza son las fantasías de los normales y de los neuróticos, que reconocimos como fases preliminares de la formación de sueños y de síntomas".
Por último, Freud considera la existencia de protofantasías o fantasías originarias (Urphantasien). Se encuentran de modo muy general en los seres humanos y su explicación sería filogenética. Sus contenidos se refieren a la vida intrauterina, escena del coito entre los padres, castración y seducción: o sea, temas referidos a los orígenes, por lo que algunos autores prefieren considerarlos como mitos colectivos cuya universalidad está relacionada con su conexión con el complejo edípico.
El análisis freudiano de grupo. Pacho O´Donell y colaboradores edit. Nueva Visión pg. 121 y ss
|